Historia del gusano de seda

Tradicionalmente la sericicultura ha sido considerada una actividad doméstica, debido a que sus cuidados no necesitan de una gran fuerza física, pudiéndolos realizar niños, mujeres y ancianos.

Las tierras más propicias para la crianza de la seda son las de regiones cálidas, con una altitud máxima de 100 metros y con temperaturas medias de entre 16 y 25ºC. En las regiones frías también se puede obtener cultivos pero de menor calidad.

El momento idóneo para su producción es la primavera, y dependiendo del tipo de gusano que se emplee, se podrán obtener una o dos cosechas anuales sin utilizar medios artificiales.

Proceso de producción de la seda

El proceso de extracción de la seda es fundamentalmente manual, y el de hilado y transformado textil puede realizarse industrial o artesanalmente.

La belleza, la suave textura de la seda y fundamentalmente su fabricación ha sido origen de secreto profesional; de primer caso bien documentado de espionaje industrial y de abrir una zona de exploración y comercio hacia oriente. El hilo de seda lo produce un insecto, con una interesante metamorfósis que ha sido desde tiempo inmemorial animal de compañía de pequeños escolares y fuente para el estudio de su evolución biológica.

El secreto codiciado del cultivo del gusano de seda comenzó hace 5000 años en China. La sericultura (la producción de seda cruda, elevando los gusanos de seda) se extendió a Corea y luego a Japón y Asia meridional. Durante el siglo XI los comerciantes europeos robaron varios huevos y semillas de la morera y comenzaron a criar gusanos de seda en Europa. La sericultura se introdujo en el sur de Estados Unidos en la época colonial, pero el clima no era compatible con el cultivo.


Mitos y leyendas acerca de sus orígenes

gusano de seda

De acuerdo con la leyenda, Huang Ti pidió a su esposa Xi Lingshi que averiguara qué estaba acabando con sus plantas de morera. La mujer descubrió que eran unos gusanos blancos que producían capullos brillantes. Al dejar caer accidentalmente un capullo en agua tibia, Xi Lingshi advirtió que podía descomponerlo en un Fino filamento y enrollar éste en un carrete. Había descubierto la seda, secreto que mantuvieron bien guardado los chinos durante los siguientes 2000 años. La ley imperial decretó que todo aquel que lo revelara sería torturado hasta morir.

La seda ha permanecido durante tanto tiempo como un misterio que las numerosas civilizaciones que la descubrieron, en especial gracias a las rutas de la seda que recorren Eurasia, inventaron numerosas leyendas al respecto. Por ejemplo, las leyendas persas dan cuenta de la aparición de la primera pareja de gusanos de seda, surgidos del cuerpo de Job.

Por otra parte, los escritos de Confucio y la tradición china1 cuentan que en el siglo XVII a. C. un capullo de gusano de seda cayó en la taza de té de la emperatriz Leizu. Al intentar sacarlo de su taza, la joven de catorce años empezó a devanar el hilo del capullo. Tuvo entonces la idea de tejerlo. Tras observar la vida del gusano de seda a instancias de su marido, el Emperador Amarillo Huang Di, empezó a enseñar a su corte el modo de criarlos, la sericicultura. Desde ese momento, la joven permanecerá en la mitología china como diosa de la seda.

Sobre el origen del gusano de seda, otra leyenda de la China nos cuenta que una muchacha había prometido que se casaría con quién le trajera de vuelta a su padre, que estaba en la guerra, al escuchar esta promesa el caballo de la familia salió en busca del padre y a partir de entonces el animal miraba a la chica con intenciones de que ésta cumpliera su ofrecimiento, ante tanto "atrevimiento" se dio muerte al caballo y se lo despellejó. Un día, la muchacha, al ver la piel del caballo puesta al sol, empezó a pisotearla diciendo: "¡Y aún querías casarte conmigo!". Entonces de repente la piel envolvió a la chica y desaparecieron juntos. Tiempo después aparecieron sobre un árbol, donde formaban una pareja de gusanos de seda. Siempre siguiendo las leyendas, la seda salió de China en dirección a la India en los cabellos de una princesa prometida a un príncipe de Khotan. Esta princesa, negándose a quedarse con su amada tela, desafió la prohibición imperial de exportar gusanos de seda.

 

La compra capullos de seda en Antioquía, alrededor del año 1895

A pesar de que la seda fue exportada muy pronto a países extranjeros, la sericicultura fue siempre un secreto cuidadosamente guardado por los chinos. Los otros pueblos tuvieron que inventar diversos orígenes para este maravilloso tejido. Así, los Romanos, grandes admiradores del tejido, estaban convencidos de que los chinos obtenían el hilo de las hojas de los árboles. El conocimiento que en el Imperio romano tenían de la seda china, resaltaba sobre todo lo imaginario, el secretismo y lo exótico. En un principio, los romanos se imaginaban que la seda era el producto de una especie de árbol de lana y que estos "seres (de Sericum) bebedores de agua", vivían hasta los 200 o los 300 años. Eso es por ejemplo lo que afirmaba Plinio el Viejo en su Historia natural o Virgilio en las Geórgicas.